jueves, 8 de septiembre de 2011

Vicente Gallego y su poética

«¿Cuántas veces nos hemos sentado a escribir, y cuántas ha resultado vana esa ansiedad, por más que fuera la nuestra una tentativa diligente y enamorada? Y cuántas otras, sin pretenderlo, resistiéndonos casi, en el momento más inoportuno, nos hemos visto obligados a poner oído y manos a la obra. Entonces todo resulta sencillo y diáfano, entonces todo cuadra gozosamente más allá de nuestro control. No es que no podamos o no debamos sentarnos a propiciar el poema, porque no hay reglas en cuanto al modus operandi, pero el resultado de la búsqueda dependerá siempre de la voluntad soberana de la poesía, no de la calidad de nuestro esfuerzo. El poema puede aterrizar por fragmentos, o de un solo impulso, o puede revelarnos su final antes que el comienzo. El poema, muy a menudo, se complace en jugar al escondite con nosotros, se nos muestra y se esfuma, para volver a sorprendernos con su presencia acuciante en cualquier revuelta del camino.
El poeta, si ha entendido algo de su condición, no puede comprometerse, no acepta encargos y, desde esa perspectiva, resulta un tanto presuntuoso afirmar que es el único responsable de su obra. Un buen artesano será capaz de modelar, uno tras otro, veinte o treinta estupendos platos de cerámica, los que hagan falta; un artista, en cambio, dependerá siempre de la asistencia de ese otro poder —llámesele como se prefiera— para llevar a buen término su cometido. Del mismo modo que ningún hombre puede asegurar que estará vivo al minuto siguiente, un poeta ignora si el poema que acaba de escribir será el último que escriba, por eso, cuando le preguntan acerca de sus intenciones y proyectos, se siente como un potro al que interrogaran sobre la dirección que tomará cuando comience a galopar. Un potro corre y brinca sin importarle a dónde va, disfrutando del trote y de la carrera porque sí, ya que esas actividades forman parte de su misma naturaleza. Vida y poesía nos atañen como un don, se resisten a nuestro deseo de gobernarlas.
A partir del romanticismo, se ha querido ver en el artista a un ser superior, a una persona, digamos, de altura; sin embargo, el autor no es nada en absoluto separado de su obra. ¿Quién fue Shakespeare en realidad, quiénes Velázquez o Mozart? Importa poco; como individuos todos somos la misma siembra de humo, igual cosecha de ceniza.
Pero ahí están Hamlet, Las Meninas, La flauta mágica. Esas criaturas viven su vida inmortal sin saber nada en absoluto de sus autores. Para mí, el apellido Quevedo es poco más que un modo —muy querido— de nombrar algunos de los sonetos más prodigiosos que he leído en castellano; por eso, si pasado mañana se descubriera que esos versos se deben a cualquier otro, nada sustancial se perdería. Un apellido es poca cosa.»


Vicente Gallego. Sobre el arte de hurtarse.

lunes, 29 de agosto de 2011

De vuelta

A partir de hoy, La independiente vuelve a abrir. En septiembre tendremos algunas de las novedades destacadas y podréis comenzar a reservar el nuevo ejemplar de Orsai.

Después de las vacaciones, volvemos a la rutina.

lunes, 1 de agosto de 2011

Celacanto

El hombre maduro, probablemente marroquí, que trabaja a veces con la cuadrilla de reformas de los locales de enfrente y que otras veces recoge objetos de los contenedores, para arreglarlos y venderlos o para decorar su casa, que imagino pobre y algo mugrienta, me ha saludado al pasar y, como otros días, me he fijado en sus rizos blancos y negros (salt & pepper, llaman a ese cabello los americanos) y en su cara cuarteada. El vecino que recorta las mangas de sus camisas por los hombros y que estoy seguro de que fue un hombre atractivo en tiempos (con ese atractivo barriobajero y vulgar de cierto tipo de hombres, como el Pijoaparte o como el Brando de Un tranvía llamado deseo, atractivo de camiseta imperio y sudor y grasa bajo las uñas) ha pasado por la puerta de nuevo sin mirar siquiera, ahora un hombre bastante ridículo, de carnes fofas, un tatuaje en el hombro desvaído por el paso del tiempo y el pelo teñido. La señora que vende flores y que siempre me regala alguna y que dice cariño todo el rato a todo el mundo y que sé rumana pero que ha debido vivir con sudamericanos porque su español es muy bueno y esos giros amorosos del habla son algo muy sudamericano, me dicho que me hace una oferta especial con los lirios. El alcohólico habitual bebe con deleite su cerveza de medio litro envuelta en una bolsa de plástico (debe de ser su primera cerveza del día, no beber hasta las siete de la tarde debe de ser la única manera de tener algo parecido a una vida) y mira la tienda pero, como siempre, no se acerca a ver lo que tengo en el escaparate.
Jorge, el niño obsesionado con un pez prehistórico, que protagoniza «Celacanto» de Jimina Sabadú también me hace una seña con los ojos, que me miran interrogantes, como preguntando si me he enterado de su historia o no lo hecho, si he comprendido por qué el final es el que es y por qué el libro debe acabar así. Yo asiento con los ojos y parece que el chico se queda más tranquilo. Mejor así. Ha habido momentos de la novela en los que, si me hubiera hecho la misma pregunta, hubiera dicho que no, que no tenía ni idea del lugar al que me estaba llevando. Jorge es moreno (aunque eso no aparezca en la novela), imaginativo y cuando dice que vio al pez gigantesco en la piscina, la vez que estuvo a punto de morir ahogado, dice la verdad, signifique lo que signifique eso en una novela. Por eso tiene un miedo cerval al agua, por eso no ha aprendido a nadar, a pesar de su padre, que lo mira con pena y desprecio a partes iguales por no ser capaz de hacerlo siendo tan mayor. La infancia es un territorio aterrador (disculpen la aliteración) pero ya no nos acordamos. Los niños son mucho más duros de lo que se cree, más despiadados porque para ellos, como para los dioses griegos, los actos no tienen consecuencias, el tiempo no existe y la muerte resulta incomprensible.
Me gustan las historias de niños cuando son ellos los que hablan y consiguen recordar todas las aristas que tiene la infancia, duras y cortantes, sin la suavidad que el recuerdo les da. Me gustan los niños. Me gustan los cuentos de niños en los que un monstruo de grandes filas de dientes viene a comérselos, cuentos retorcidos y perversos, cuentos de niños que no son para niños.
Los niños saben que, en el fondo, se merecen que se los coman. Como lo sabemos todos.

La calle o un libro. No creo que, a la hora de mirar con atención, haya mucha diferencia.

sábado, 16 de julio de 2011

Le Carré

«Perry levantó por fin la cabeza.
—¿Cómo?
—Como, ¿qué?
—Salvar a Inglaterra, ¿cómo? ¿De qué? Sí, ya, de sí misma. ¿Qué parte de sí misma?
Ahora le tocaba a Héctor reflexionar.
—Sencillamente tendrá que aceptar nuestra palabra.
—¿La palabra de su Agencia?
—De momento, sí.
¿En virtud de qué? ¿No se supone que son ustedes esos caballeros que mienten por el bien del país?
—Esos son los diplomáticos. Nosotros no somos caballeros.
—Así que mienten para salvar el pellejo.
—Se equivoca otra vez. Esos son los políticos. Un mundo totalmente distinto.»

jueves, 14 de julio de 2011

Taller de Escritura Creativa. Rafael Caunedo

El objetivo de este taller de Escritura creativa es, básicamente, estimular la creatividad y conseguir que la imaginación encuentre el camino de salida de ese complicado laberinto que todos llevamos metido en la cabeza. Vamos a hablar de ficción, de cómo inventar, fabular, viajar sin movernos de la silla y hacer que otros viajen con nosotros. ¿Cómo lo haremos? , pues haciendo de este taller un lugar de escape. Será eminentemente un paseo activo en el que daremos prioridad a la práctica. Desde el primer momento estaremos unidos al papel. Tendremos una clase semanal de hora y media de duración en el aula de la librería La Independiente. Durante ese tiempo, hablaremos sobre el programa y os iré guiando por este maravilloso mundo de la creación. No serán clases teóricas en sentido estricto, sino exposiciones sobre la iniciación en la escritura creativa, la corrección de vicios y el análisis de vuestros trabajos. Por ese lado, el taller es presencial, pero también lo es on line, por cuanto desde el primer momento estaremos en contacto vía Internet para resolver dudas y todo tipo de cuestiones durante toda la semana. Habrá ejercicios constantes y tendréis corrección personalizada. Es decir, el taller tiene todo lo bueno de las clases presenciales y lo mejor de los cursos on line. Juegos creativos, puzzles mentales, recreaciones… ejercicios variados para conseguir de manera práctica y eficiente que la imaginación consiga volar más alto. Formaremos un grupo entre siete y doce personas unidos por el amor a la literatura y dispuestos a fantasear. Terapia de creación y evasión pura y dura. ¿Te atreves?

PROGRAMA DEL TALLER DE ESCRITURA CREATIVA.
Profesor: Rafael Caunedo

ESCRITURA CREATIVA
• ¿Qué es?
• La lectura como base
• Ser escritor. Los ojos del escritor.
• Las palabras
• Superar la vergüenza
• El estilo
• Ficción y no ficción. Géneros
• El tono
• La Naturalidad

LA TRAMA
• ¿De dónde salen las ideas?
• La observación.
• La visibilidad. Captación visual.
• Como una película
• Ritmo y tensión
• La intensidad
• Los principios
• El narrador
• Los personajes
• La empatía
• La ambientación
• Descripciones
• Sensaciones y emociones
ESTRUCTURA
• Construcción de la narración
• Unidad narrativa: la escena
• Estructura: núcleos, catálisis, indicios e informantes
• Los diálogos
• La dosificación de la información
• El perfeccionismo
• La reescritura
• Las correcciones
• El título
• La publicación


Duración: 3 meses
Precio: 120 euros/mes
Se trata de una combinación de taller presencial de hora y media a la semana y on line en contacto permanente con el tutor.

Rafael Caunedo, Madrid 1966, cambió su futuro como abogado por compartir espacios creativos, entre ellos la decoración, la pintura y la literatura. Es autor de dos novelas, PLAN B, publicada por Atlantis en 2009, con la que obtuvo el premio Isla de las letras en la categoría de género urbano, y HELMUT, en 2011, también con la misma editorial. Actualmente comparte su tiempo entre distintos talleres de escritura creativa, una tercera novela, relatos y amaneceres.

www.mundovoluble.blogspot.com
rafacaunedo@yahoo.es

lunes, 6 de junio de 2011

Pron

Durante la Feria, estoy teniendo la impresión de que la costra que cubre la realidad se hace más espesa, la maraña de informaciones, de intereses cruzados, de opiniones, de reseñas, de críticas, de anuncios, de eslóganes, de tuits, de frases ingeniosas en Facebook, de eventos, de presentaciones, de personas afanándose arriba y abajo intentando colocar su producto, sea este el que sea, de frenética de actividad retransmitida una y otra vez, retuiteada una y otra vez, una ingente lluvia de palabras que chorrea incansable sobre las cosas y que tal vez muestra cosas que no desearíamos saber, odios que preferiríamos ignorar.

Y pienso que resulta más urgente que nunca encontrar un hueco al que no puedan llegar, una burbuja que nos preserve, que nos mantenga cuerdos pero, sobre todo, tranquilos. Y me siento en mi butaca, miro las gotas caer desganadamente tras el escaparete, me fijo en los adoquines brillantes, y leo. Cosas como El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia de Patricio Pron.

Cuando la acabo confirmo a) que Juan Malherido acierta al decir que solo alguien que no se quedara acongojado al terminarla estaría en posición de juzgar su calidad, b) que también atina en que cuando la novela que se juzga es verdad, (a pesar de que Pron diga en el epílogo, citando a Muñoz Molina, “una gota de ficción tiñe todo de ficción”) estamos hablando de otra cosa y c) que dentro de un buen libro nunca llueve, ni siquiera palabras inútiles.

Eso sí, no tengo ni la más remota idea de cuál será el futuro del libro.

miércoles, 1 de junio de 2011

Tremé

Sé que escribir sobre series se ha convertido en un lugar común y también que la cultura audiovisual se abre paso inexorablemente, tal vez dejando por el camino el tiempo necesario para la reflexión, para la lectura pausada; que escribir emocionado, sin dejar reposar las cosas nos hace demasiado vehementes, demasiado extremados. Pero también sé que Tremé es el mayor homenaje a lo mejor que ha aportando los Estados Unidos a la cultura mundial. Y no solo por su fantástica banda sonora sino también por Nueva Orleans, por la lucha de la gente común por recuperar su ciudad, por la dignidad. Háganse un favor y vean Tremé. Verán una obra maestra y podrán admirar boquiabiertos lo que David Simon es capaz de hacer con ese inmenso talento que tiene.

Hay series mediocres y hay series buenas, hay series entretenidas y otras absorbentes, que esperamos semana tras semana. Tremé es otro deporte. Tremé es arte. No digan que no les avisé.